Un día decidí escribir un no sé qué, un no sé cuándo ni adonde, ni por qué para que nadie entendiera lo que en realidad sucedía en mi interior. Y eso luego devino en yo sé cómo, yo sé cuándo, yo sé dónde y por qué, pero tampoco supieron desentrañar la verdad.Por eso, publicaré algunos de mis cuentos, relatos y poemas.Y tambien textos de autores que dejaron su impronta... Quizás así puedan entender...

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viernes, 5 de febrero de 2010

¿Para qué sirve la literatura?

¿Para que sirve la literatura?...
La literatura es una ventana a la fantasía, un pasaporte a la realidad y al conocimiento de culturas, vidas, sueños y territorios lejanos. La literatura es vida, alimento para el espíritu y solaz para la mente.
Si hablo de la literatura tengo que decir que fue la varita mágica que me abrió la ventana a la fantasía, al descubrimiento del mundo en que vivo, a las ilusiones, heroísmos y cobardías.


Con Monteiro Lobato y su Minotauro, recorrí las montañas e islas griegas, ascendí al Olimpo, conocí a sus dioses y semidioses, saboreando néctar y ambrosía mientras presenciaba sus rencillas. Estuve con Hércules, vi a la Hidra de siete cabezas y a Prometeo atado a una roca pagando la osadía de haber robado el fuego de los dioses.

Con Julio Verne recorrí África en un globo, lo profundo del mar con el Nautilus, di la vuelta al mundo para ganar una apuesta y llegué hasta el Estrecho de Magallanes. Compartí la prisión con el conde de Montecristo, sufrí junto a D’Artagnan cuando asesinaron a su amada, subí por el árbol de guisantes hasta llegar al reino del ogro y sentí el dolor que taladraba los pies de la pobre sirenita.

Luego llegaron a mi vida los libros de ciencia ficción, la revista Mas Allá, la saga de los Aznar, Asimov con sus robots más que humanos, Bradbury con la triste nostalgia por lo que habríamos de perder en el futuro. De la mano de Huxley conocí el soma, la fecundación in vitro y la programación de los seres humanos. Orwell en “Mil novecientos ochenta y cuatro” me habló del Hermano mayor, la manipulación de la historia (como dice la canción “...si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia...”) y también me permitió descubrir cual podría ser mi terror más profundo, aquel capaz de doblegar mi voluntad o llevarme a la locura.

Supe de la filosofía y costumbres de China con “Una hoja en la tormenta”;"Peonia Roja", "Seda" y “Las llaves del Reino”. Ellas me hicieron vivir en la pobreza, el imperio y una aterradora guerra civil.

Me sentí una yanqui de pura cepa, pues Tom Sawyer, Hombrecitos, Mujercitas, Papaíto Piernas Largas, Jane Eyre y luego la colección “Rastros” me hicieron creer que yo era una de ellos. Que los cowboys cabalgaban por las pampas, los indios eran malos y los bisontes debían ser exterminados por el bien de la nación..

En mi temprana adolescencia “La chispa de la vida” de Erich María Remarque me llevó al terror y la desesperanza de los campos de concentración. Luego, ya adulta, “La hora veinticinco” y su continuación “Una segunda oportunidad” me hicieron sentir que no hay esperanzas para los que quieren vivir en paz. Que siempre habrá una guerra, un nuevo conflicto, una diferencia política, racial o religiosa que será aprovechada por aquellos que lucran con el dolor y las necesidades para desatar otra contienda..

Esos libros fueron los que reafirmaron mi convicción. Ya me había horrorizado leer en Las llaves del Reino el momento en el que traen a un chino que había sido prisionero de unos guerrilleros y descubren que éstos le habían hecho, con clavos, una corona en la cabeza a semejanza de la corona de espinas de Jesucristo, porque se había convertido al cristianismo. Sin embargo, ver como los protagonistas de “La Segunda oportunidad”, padecen primero bajo el dominio alemán y luego como, cuando son liberados, les cobran el precio del odio con la vida de su pequeño hijo, leer que en el momento en que creen estar en paz ven aterrizar en sus campos un helicóptero. Y, que de él descienden soldados que vienen a liberarlos en nombre de quien sabe qué idea política; y empieza a girar, otra vez, la rueda de la guerra y el terror en la que ellos quedan envueltos, me produjo un impacto tan grande que nunca quise releerlo libro y me deshice de él en cuanto pude. Como si fuera el transmisor de la peste de la guerra.

De todo lo que leí aprendí algo, descubrí nuevos mundos, otras formas de vivir, costumbres y religiones desconocidas. Al mismo tiempo viví las vidas y aventuras de sus protagonistas. Fui Desirée Clary novia de Napoleón y devota esposa de Bernardote. Sentí con ella la falta de cariño de su madre adoptiva, la reina de Suecia. Siguiendo su vida estuve en la Francia revolucionaria, la del Imperio y el regreso de los Borbones. Estuve en Capri con la “Historia de San Michelle”, embalsamé cadáveres con Sinhué el Egipcio, fui etrusca, romana, inglesa, china, japonesa, lapona o mujer de las cavernas. Estuve en la Polinesia, en España, en el fondo del mar y en lo alto de los cielos. En la cumbre helada de los Andes junto a los sobrevivientes de un accidente aéreo y en un velero recorriendo los mares del sur. . Navegué en el acorazado Graf Spee y con los barcos piratas de Salgari. Crucé el espacio en autoplanetas y naves espaciales. Viajé al centro de la tierra con Julio Verne. Fui feliz y desdichada. Reí y lloré junto a los protagonistas de mis lecturas. Imaginé paisajes que no pueden ser recreados por ninguna tecnología, conocí culturas inexistentes y procuré descifrar la escritura de los dioses en la penumbra de un calabozo. Fui victima y victimaria. Seducida y seductora. He muerto mil veces. De frío en Alaska, de sed en el desierto. De hambre en los campos de concentración y de placer en los brazos de un ser amado. Di vida y otorgué muerte. Ascendí a las montañas en busca de mármol para crear esculturas por orden del Papa y junté hojas de palmeras en una perdida isla del Pacífico para hacer una choza que me sirviera de cobijo. Descubrí ciudades perdidas y arrasé civilizaciones enteras. Fui Atila, Carlomagno, Cleopatra o la Perricholi. Sentí como el amor, ya fuera divino o mundano, transformaba a Juana de Orleáns, Juana la loca y a Juana Manuela Gorriti en mujeres que se destacaban del resto de sus congéneres. Supe del odio, de la ambición, de la entrega generosa y de aquella que solapa fines mezquinos, de la vida de los hombres y los animales, de la historia y la fantasía.

Y así, a lo largo de los años, día a día, hora a hora, la literatura fue refugio, acicate, guía, consuelo, solaz, formadora y deformadora, de lo que soy y de lo que pude haber sido, de lo que fui o de lo que no pude evitar ser. Semilla y sal en el surco de mi vida, señalización de los “si hubiera” que quedaron en el camino.

Hoy, cercana a la literatura pero alejada por motivos ajenos a mi voluntad, añoro aquellos momentos de entrega apasionada al placer y a la ansiosa expectativa de abrir un libro y sumergirme en él sin tener idea del tiempo que transcurre mientras recorro sus hojas y absorbo, como tierra sedienta, las ideas e historias que él encierra.-


María del Rosario Márquez Bello (2006)
Rorry, la Charo

Derechos Reservados


viernes, 2 de octubre de 2009

La Regla





Ese relato pretende, con toda humildad,
seguir la estructura de los inolvidables ¡Oh! del querido
y respetado doctor Florencio Escardó, "Piolín de Macremé"




-Tía… ¿Ya está todo sobre la mesa? preguntó Mónica desde la cocina.

-Si-conteste- mientras acomodaba sobre la mesa las dos fuentes de acero.¡

-Bien!-exclamó Diego- pero traigan una regla porque no voy a permitir que nadie coma un poquito más que yo.....

-¿Qué es una regla? preguntó mi sobrina-nieta...

Y entonces sucedió...

Se conectó mi chip de la in-oportunidad y abri la boca para explicar: -Llamamos regla a un elemento de madera, metal o plástico que nos permite tomar medidas. Medimos de acuerdo a las pautas que nos dieron, aunque las pautas son relativas.

Regla deriva del latín regularis. La vida de las mujeres está regulada por la regla. Esta regulación establece tres épocas: antes de la primera regla, mientras tenemos la regla y después de la última regla. La regla de las mujeres es unipersonal y subjetiva. Se rige por la luna, las hormonas y los estados de ánimo.Estado de ánimo es aquello que hace que nuestros amigos hablen de nosotras entre ellos. Según ellos un día estamos raras, otros locas y los días anteriores a la regla alteradas. Algunas mujeres se deprimen cuando tienen la regla, otras, en cambio, respiran aliviadas.Cuando tenemos la primera regla nos dicen señoritas. Señorita es aquella que espera la regla con angustia hasta que se convierte en señora. Señora es la que tiene el aval de la sociedad para no tener regla durante ciertos períodos de su vida. Pero si tiene la regla periódica y regularmente es acosada por los que la rodean preguntando... ¿Y,para cuando el heredero?...¿para cuando?Esta circunstancia puede provocar problemas de pareja, sobre todo si uno de sus integrantes quiere cumplir con el mandato social y al otro no le interesa. En este caso se puede pedir la anulación del matrimonio, que es la forma legal por la cual las mujeres pueden volver a ser vírgenes (o casi) habiendo sido señoras.

Pero nosotros estábamos hablando de la regla... a la regla también se le dice menstruación, el asunto, días femeninos, días impuros, esos días, la visita, estar indispuesta, Andrés, el mes. En fin todo depende de las culturas y paises.La mujer que aun no tuvo su primera regla es una niña, una promesa, un capullo sin abrir, una flor sin perfume, un fruto que va a madurar. Es el ángel tentador, la inocente picardía.Aquella que ya la ha tenido es la fruta madura, la tentadora, Bethsabé, la hetaira, la que distrae de la contemplación de Dios, la madre de la especie, la progenitora.La que la ha dejado atrás es la vieja, la bruja, el árbol seco, la flor marchita, algo descartable y rápidamente reemplazado por una fruta madura o hasta por una flor sin perfume, de acuerdo a la perversión del hombre que la escoge

.Hete aquí, pues, que el status de las mujeres y su condición social están regidos por la regla. Promesa, concreción, descanso y rechazo. Etapas fijadas por la regla en su espera, presencia y retiro.Se dice que el retiro es esperado con ansia y temor al mismo tiempo.

Asimismo se llama retiro a la jubilación, la cual también es esperada con temor y con ansia. Jubilación es la etapa en que se descansa, o en que se cree que se va a descansar. Es el tiempo libre, en que se cosecha lo sembrado durante nuestra vida laboral, o al menos eso creemos, hasta comprobar que la realidad de la vida y las reglas de la economía diezmaron la cosecha. Y volvemos a depender de la regla esta vez para medir cuánto ganamos, cuánto gastamos y cuánto nos falta para llegar a fin de mes.

De ahí que los seres humanos estamos siempre expuestos a la regla... Reglas de conducta, morales, de mercado. Reglas políticas, religiosas y fisiológicas. Reglas de ortografía, matemáticas y de pronunciación. Reglas de interés simple y compuesto... Reglas que permiten medir volumen, distancia, tiempo...

Tiempo es el periodo que transcurre entre el ser y el no ser. Ser es surgir, emerger, aprender, tener conciencia, vivir, gozar, reproducirse y sufrir hasta llegar al no ser.No ser es la oscuridad, el temor, la duda, lo quieto, lo oscuro que puede ser medido al variar su intensidad hasta llegar a la luz. Para medir este proceso también existe una regla.

De donde volvemos a la certeza de que todo en nuestra existencia está regido por una regla.Reglas que miden y reglas que rigen. Reglas que comparan y reglas que sojuzgan…

Fue en ese momento cuando advertí que todas las miradas estaban fijas en mí. Los ojos de mi hermana me enviaban un mensaje, no por reiterado menos agresivo,”otra vez te convertiste en el centro de la reunión"A su lado, mi sobrina discutía en voz baja con el marido, mientras me miraba de soslayo con cara de mártir. Esto duró apenas un segundo, ya que reaccioné con la prontitud que dá la experiencia repetida de quedar en evidencia unida a mi eterno temor al ridículo. Giré sobre mí misma y, quitando la tapa de la bandeja de acero,dije:

- ¡Para que usar una regla si tenemos cuchillos para untar! A ver... ¿quien quiere mousse de roquefort y nueces? En la mesa hay paneras con galletitas de sésamo, mignones y tostadas de pan lactal.

Veinte minutos despues, gracias a la mouse y a dos botellas de vino cabernet sauvignon, todo había vuelto a la normalidad. Volví a ser la tía Rorry, famosa porque siempre llegaba a las reuniones munida de su mouse de roquefort y la ya legendaria torta de frutillas, ambas componentes infaltabables en las reuniones de la familia.La querida Tia que nunca debería olvidarse de mantener la boca cerrada y así no caer en una de sus famosas, y muchas veces inoportunas, demostraciones de erudicción no solicitada.-


Rorry, la Charo
Maria del Rosario Márquez Bello (2001)

Derechos Reservados



 
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